
Cada vez que subo a un avión leo esta frase: "Life rest under your seat". Aparece normalmente en una pequeña placa en algún lugar del asiento o cerca del conducto de salida del aire acondicionado. No es exactamente lo que pone, es verdad, pero es lo que leo. Sin duda, culpa de un descuidado inglés y de los restos de una dislexia mal curada. Leo que mi vida -y no el chaleco salvavidas- es lo que se esconde debajo de mi asiento.
Nunca me he asomado para verlo, claro, pero durante el rato de espera, mientras el avión prepara su despegue me gusta imaginar que cada uno de los pasajeros guarda su vida en forma de 'pack' debajo de su asiento. El pack lo visualizo como una especie de cúmulo colorista de recuerdos, experiencias y vivencias de toda la vida apretujados y sujetos por una red como si se tratara de un roastbeef.
Digo apretujados, porque todos los recuerdos y vivencias de una vida han de comprimirse mucho para que quepan allí debajo.
No lo dicen, por delicadeza, pero yo creo que en los aviones nos aconsejan que dejemos nuestras vidas bajo del asiento porque así, si el avión se estrella, las vidas de cada uno de nosotros no se enredan entre sí en interminable agonía, se disipan limpiamente y todo es mucho más sencillo. La verdad es que en los aviones todo está muy bien pensado. Más tarde, cuando las azafatas dan instrucciones al pasaje, yo oigo que advierten en inglés que si el avión se estrella cada uno debe agarrar lo más rápidamente que pueda su vida y apretarla bien fuerte contra el pecho para que no se disipe. A no ser que no le tengas verdadero apego a tu vida, entonces no hace falta que te esfuerces.
"Life rest under your seat". Me gusta ver las caras de la gente e imaginar la forma y tamaño de lo que esconden debajo de sus asientos. Si hay niños me imagino packs de vida más pequeños que los de los adultos, mucho más coloristas. Me enternece hasta hacerme sonreír si pienso en la amalgama de recuerdos y vivencias que puede guardar un niño en su corta vida en el interior de su mini pack. Me encantaría hurgar en secreto entre sus recuerdos más vividos. Los ancianos, sin embargo, tienen enormes paquetes de vida. A veces son tan grandes que las redes que los sujetan se desatan y se pierden los recuerdos y vivencias. Así explico yo el Alzheimer.
Sólo en los aviones nos advierten que nuestras vidas reposan bajo los asientos porque, como digo, en los aviones está todo muy bien pensado, pero también nuestra vida permanece debajo del asiento del coche cuando salimos de fin de semana, o incluso bajo la inocente silla de nuestra oficina o bajo el butacón donde se sienta mi abuelo.
Todo eso pienso, veo, siento, imagino... minutos antes de despegar cuando en vez de leer: "El chaleco salvavidas está debajo de su asiento", leo: "La vida reposa debajo de su asiento". Es una sola frase. Un texto. Un titular. Un claim. Un copy. Y menuda tormenta de imágenes y sensaciones que me desencadena. Cambien la frase, por favor.

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