
Después del día más oscuro del otoño hasta ahora, llega la noche con su manto negro y su fúnebre crespón despidiendo lo poco que quedó de un sol jadeadamente asfixiado tras luchar a cuerpo con cumulolimbos que vomitaban torrentes de melancolía por sus huesos, despotricando de la mancha humana que se hace la sorda ante los avisos de la naturaleza, mojando todo lo que hemos secado. Por un lado impacto ambiental, por otro crisis mundial, delante un contrato de permanencia incierto del planeta y detrás queda el amor a lo que queda de nuestra especie.
Esta noche no saldrán las estrellas. Hasta ellas tienen miedo. Temen ser descubiertas por las almas que quedaron en el inframundo. Esas que tal día como hoy tienen licencia para vengarse de todo aquel que atormente sus propósitos.
"Cualquier halo de luz en la Tierra será erradicado" Ya sentenciaron los relojes esta mañana y de esto se venía anunciando hace días. Desde tiempo atrás no recordaba dias de lluvia tan constantes como los que acontencen.
Quizá la noche de Halloween quiera transmitirnos otro significado. Quizá sea un intento más de la Tierra de hablarnos y recordarnos que el final puede, precipitadamente, estar más cerca de lo que nos imaginamos. Que nosotros, como ella, tenemos fecha de caducidad y que todavía quedan esperanzas para que amanezca mañana, un mañana más lejano si nos cuidamos, si dejamos de mirarnos el ombligo.
Hoy, para darle más sentido a la noche, había que ponerse trágicos, aunque no por ello deja de tener sentido lo que escribo. Quizá sea un tema que retome pronto, cuando disponga del tiempo y seriedad que me merece. Mientras tanto disfruten de la noche y del fin de semana.

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