viernes, 31 de octubre de 2008

Desafío desafiándote y desafiándome

Y hoy he decidido desafiar al mundo desde el sofá.
Sabes perfectamente y por encima de todo, que siempre he sido la reina de los inconformistas, sé que pido más de lo que posiblemente puedas o quieras darme. Todavía desconoces si me hago la dura, o lo soy. Nunca me he dejado caer entre tus redes, siempre firme en lo que digo, aunque ni siquiera yo lo tenga claro.

A veces hasta pensamos lo mismo, y confieso que eso me puede. Que siempre he intentado esconderme entre puertas mágicas de difícil acceso, y que tú hayas decidido jugar en mi dimensión, una de cada tres noches, puede conmigo. Pero no ganas por intentar ir despacio, me pueden las prisas, no es que no comprenda que a veces se vive mejor despacio, en ralentí… pero es que pudiendo meter un puñado de sueños en tu bolsillo de golpe, para conseguir volverte loco, y no hacerlo de uno en uno, como el resto de los mortales, siempre me ha caracterizado.

Soy un huracán, entro sin avisar en las vidas, revolviendo todo a mi paso, pero dejando de nuevo cada papel en su sitio. No soy el desorden de los desórdenes… pues aunque no lo creas en todo desorden hay un orden.
Intento cerrar ese instante en el que entras sin saber muy bien cómo y rozas lo más débil de mí. Crees que me conoces, aunque yo lo niegue cada vez que parpadeas. Pero aunque nunca llegue a reconocértelo, si…

Me conoces hasta tal punto que eso a veces juega en mi contra. Unas veces eres el mejor compañero de viaje, otras mi mayor antagonista. Te conviertes en un adversario de jugada imprevisible y sutilmente te acercas a mi rey.

Pero nunca me darías un “jaque-mate”, condenados a vivir en un mismo tablero, de jugadas infinitas, donde cada noche la vida nos deja en tablas, anhelando un mañana que quizás nunca llegue, que no es que no me atreva a montarme en el caballo, y escalar por encima de tu torre, pero es que la verdad es que conservar las distancias nos mantiene más unidos de lo que realmente se puede. Un juego de hilos invisibles, que nunca se rompen, aunque se tensen, por la intensidad de nuestras vidas.

Y es que también nosotros vivimos a rachas. Creamos intervalos de tiempo en los que caminamos al mismo ritmo, hasta con el mismo pie, pero no siempre seguimos caminos iguales, cada uno va por una acera, aunque finalmente vayamos a parar al mismo lugar, un mismo destino, un paisaje indescriptible, escondido detrás de alguna estrella.

He de confesar que cada vez que me separo de ti anhelo ese punto de tangencia entre los dos, que creamos para protegernos sin saberlo. Es difícil. Yo soy difícil, pero eso ya lo sabes y pese a ello me admiras. Me admiras hasta el límite que haces de mis imperfecciones algo perfecto, me admiras a oscuras, me admiras a tientas, con miedo… porque sabes que el suelo que pisamos es tan frágil como los sentimientos.



Abril 2008

2 comentarios:

Biel dijo...

No añadiría absolutamente nada... en sí, el texto es todo un desafío, asi que también pienso que has acertado con el título y además muy segura de ti mísma. Estoy bastante lejos de tu habilidad con la escritura, puedo aprender muchísimo de ti. Un besote!

Helena de Troya dijo...

Ni mucho menos! Uno aprende de la gente, de todos los mortales q conocemos durante nuestra historia. Yo me quedo con tu madurez de abuelito de 21 años, con tu forma de afrontar lo que otros llaman "rayadas" y con tu manera de despertarte por las mañanas. Por ser alguien diferente, genuino, original en el mar de la sociedad, por ser tú, mereces más que nadie mis elogios.
Mil gracias.