domingo, 11 de octubre de 2009

Mazel Tov!

Me suele gustar de la caricia, el beso. Por eso tu defecto fue perfecto. Busco un respiro, un rincón, un rayo de sol, una insolación. Algo que me haga vomitar tantos suspiros tragados tan adentro. Lo tuyo es tuyo, lo mío es mío y lo nuestro, ya, de ninguno de los dos.

Lo mejor del adiós, es lo infito que resulta en un horizote vacío. Aquí retumba cualquier voz inventada, cualquier piel recordada. Lo mejor del horizonte vacío, es lo infitamente lleno de posibilidades que está. Francamente, agradecería un gin tonic después de tener tantos días tantas cuentas pendientes que finalmente nunca me permitieron resolver. Pero nadie te invita a un gin tonic cuando has perdido. Sólo te miran muy asustados, como si temieran que ya nada te importara. Pero sí, perdí. Y sí, me importa. Creo que todas las tortas sensuales, sin guantes, que te concede la vida… Son deliciosas. Y se merecen, cuanto menos, un buen brindis. O un abrazo. O un beso.

Perderlo todo… Eso fue lo de menos. Lo difícil de todas las guerras es volver. Volverle a sonreír generosamente a la vida, tal y como se merece. Y volver.

Le sonreí durante demasiado tiempo al pasado. Parecía que daba pasos adelante, pero siempre caminaba mirando al espejo retrovisor. Que aquello no se muriera, pensaba. Hoy pienso que la luz me ama. Y calienta mi cabello. Y pone sus labios sobre mis heridas. Pienso que hay palabras ocultas habitando mis ojos. Pero hoy no quiero mirarme más adentro, ni más atrás, ni más nada. Mientras una hace todo eso, no le mira a la vida a los ojos. Quiero volver a mirarla. Y vuelvo. No sé qué queda atrás. No me pregunto si estará vivo o muerto. Sólo sé que lo que ha ardido, ya nada tiene que temerle al tiempo.

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