domingo, 11 de octubre de 2009

Desordenada

Ya desde fuera, se ven minúsculas todas las palabras en todo este espacio. En todo este tiempo. En mi silencio.

Te miro y no distingo todas las huidas de mi misma. Todos los encuentros conmigo misma. Contigo mismo. Aún hoy fundes a hierro tus gestos sobre mis heridas. Y toda mi cintura sigue extrañando tus manos. Piensa que el silencio bajo estas circunstancias, salva.”Ya no ensucias, pero tampoco limpias”, dicen.

El silencio es una botella de vidrio donde escondo algunos de mis miedos. Tú rompes, tú manchas. Vuelves mi respiración imperfecta, mis latidos arrítmicos. Sacas cualquier monstruo de cualquier armario. Sigues siendo la metáfora de cualquier verbo. Eres primavera, amor. Y otoño y verano e invierno. Creo que en otro tiempo y en otro espacio, te he odiado. Pero ahora no lo recuerdo.

Cada gesto tiene su propia belleza, su propia caricia. Otra vez huele a ti y huele a mar entre estas cuatro paredes. Pienso que un poema huele igual que una caricia ausente. Pienso que cualquier sol es capaz de amanecer. Pero un sol sin un mar, nunca atardece.

No mancho y no limpio. Es difícil florecer bajo esta luz tan potente. Has sido mi tristeza más bonita, mi camino más eterno. Pero ahora se ven minúsculas todas las palabras en todo este espacio. En todo este tiempo. Ahora sólo tu boca es todos los versos. Te sigo echando de menos...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Los soñadores nunca serán hundidos ya que en cada caída la esperanza los saca a flote. Sigue haciendo tu vida conforme a tus sueños y la plenitud será una constante en tu vida.