
Madrid. Hace casi un mes que no recorro sus calles. Aquellos paseos durante horas, vagando, descubriendo escondites en una ciudad que sentí mía. Nostalgia. Sentirme en casa. Andar hasta no sentir los pies. Enseñarle la ciudad a su propia gente. Una historia en cada esquina. Muchos recuerdos que se van desvaneciendo con la distancia y a los que trato ciegamente de aferrarme.
Ganas de volver. Deseo. Muchos amigos que dejé atrás. Tantos otros momentos. Volar lejos de aquí y maravillarme nuevamente de los lugares que tengo resguardados en un rincón de mi memoria. Vida, mucha vida. Muchas metas; nuevas metas. Pronto estaré de nuevo allí, no sé por cuánto tiempo; por una semana, por dos, meses o incluso años.
Quiero sentir el frío del invierno, el calor de mis amigos, dolor en los pies, la vitalidad que me inunda nada más llegar a Barajas, los miles de planes que se me ocurren para ocupar mis días, las personas que quedan por conocer, el arte, la cultura, el ruido de los coches, los camareros antipáticos, los espectáculos, el anonimato, las tiendas, la fiesta, el reencuentro, las charlas cargadas de recuerdos, la lluvia sin paraguas...
Madrid. Espérame.

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